Ella le pidió una flauta, pero este le dijo que no sabría tocarla; más tarde le consiguió un tocadiscos y Clementina se lo agradeció y lo puso en su casa para no perderlo.

Poco a poco su casa estaba llena y se aburría.
Un día se cansó y lo dejó todo, y consiguió ser feliz. Clementina no era feliz por muchas cosas que tuviera, ya que no era lo que quería y necesitaba.

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